Cómo un evento deportivo puede ser al mismo tiempo cultural

La gente se empieza a reunir. Los comerciantes llegan, ofrecen sus productos. Distintas personas, vestidas con ropa deportiva y espectadores en general, se dan cita en la cancha. Se forman grupos, empiezan a cuchichear, algunos exponen sus apuestas, otros se alistan para jugar. Se trata del segundo deporte más practicado en Ecuador, el ecuavóley.

Desde las tres o cuatro de la tarde, en la mayoría de canchas del país se concentran decenas de personas, en su mayoría hombres para practicarlo. Muchos medios de comunicación y jugadores de esta actividad afirman que el ecuavóley es un deporte originario de Ecuador, siendo este una variante del vóleibol con reglas distintas. Mientras que en el voleibol juegan seis personas, en el ecuavóley lo hacen solo tres. Lo mismo ocurre con los puntos de cada set, la red o la pelota de juego, son parecidos pero al estilo ecuatoriano.

“Por un lado, está el colocador, que es el jugador delantero y quien define las jugadas. Por otro, el volador, el jugador posterior y quien defiende las pelotas. Y por último, el servidor, que es el jugador de apoyo y el encargado de desplazarse para dar los pases”, explica Jorge Cartagena, presidente de la  Asociación Provincial de ecuavóley de Pichincha.

Desde la década de los 50s del siglo XX, este deporte fue expandiéndose a nivel nacional e incorporándose en la vida cotidiana y el imaginario colectivo, en gran medida gracias a la acción la Federación Nacional de Ligas Deportivas Barriales y Parroquiales del Ecuador (FEDENALIGAS), que desde 1971 trabajan para el bene­ficio de la actividad deportiva.

No se conoce con certeza dónde y cuándo comenzó a jugarse el ecuavóley. En algunas provincias, por ejemplo desde el Carchi hasta la provincia de Tungurahua era conocido como el “vóley”, en la región costa e insular como “vóley criollo” y en las demás provincias conocido como “el vóley de tres”. Un deporte que poco a poco, fue ganando territorio en todo el país y también, en el corazón de los ecuatorianos. «Si usted va a un barrio y encuentra una canchita en la esquina, ahí están jugando ecuavóley», señala Cartagena.

Cotidianidades del ecuavóley

Antes de que comience el partido, los jugadores asumen ciertas actitudes, vinculadas con sus creencias o inclinaciones religiosas, como tocar la cancha con su mano y persignarse o hacer la señal de la cruz. Otros llaman a la suerte usando determinada camiseta, pantaloneta o zapatos. No falta al que se le ocurre escupir sus manos y sobarlas en el piso o ponerse cintillos, rodilleras, canilleras, vendas, gorras e incluso gafas. Luego de este momento, cualquiera de los tres integrantes del equipo favorecido en el sorteo batea o saca la bola. Lo hace con estilo propio, de acuerdo a su habilidad y buscando siempre que la pelota caiga y toque el suelo para ganar un punto.

De la mano de esta tradicional actividad, la oferta de comida durante el juego es infaltable y va desde las simples “colas en funda” hasta el elaborado “corviche” en regiones como Manabí, pasando por todo tipo de bebidas y frutas listas para el consumo de todos aquellos que llegan hasta las canchas a disfrutar del encuentro.

Como rutina, en todo juego de ecuavóley, a estos comerciantes, en su mayoría mujeres, se las conoce como “madrina” o “seño”, quienes venden desde canelazos, pescado frito, empanadas o hasta seco de pollo a los jugadores y espectadores, que también hacen su parte apostando al equipo que más destreza demuestra. Existen en Quito, lugares representativos para jugar. Tal es el caso del Estadio de Chimbacalle o El Ejido, donde se disfruta del deporte en el cual se juegan puntos, pero también dinero de apuestas.

Apuestas: Hoy se gana, mañana se pierde

Según el programa La Televisión, antes el ecuavóley era considerado como el deporte de los taxistas o de los pobres, sin embargo esto ha cambiado en la actualidad. Ahora, el público es muy variado, los asistentes son de todo tipo de estrato social y sin importar la edad. Las apuestas tampoco pueden faltar, dependiendo del partido, el valor de la apuesta puede subir o bajar. Incluso hay partidos donde se pueden apostar hasta miles de dólares. Por lo que se ha vuelto una forma de vida para muchos, que pueden llegar a percibir por apuestas sumas mayores a un salario mínimo.

“A partir de la dolarización se convirtió en un negocio y la gente se vendió” comenta Antonio Carrera, de 74 años, quien reside en la ciudad de Guayaquil y que practica este deporte con sus amigos desde el año 1965 en la famosa cancha de “la 24”. En esta cancha diariamente se reúnen jugadores y espectadores de distintos sectores de la ciudad para seguir de cerca los encuentros a partir de las 4:00 pm.

“En estas competiciones priman las apuestas, que son «parte de la cultura del ecuavóley», dice Jorge Cartagena, “pero es un trabajo para darle otro rumbo a esta disciplina para que oficialmente sea reconocida como «la segunda actividad deportiva del Ecuador», después del fútbol”, acotó.

Apodos

La viveza criolla también se hace presente en los diálogos o los dichos como: “vuelta bola”, o “mala” a lo que el otro equipo responde “tu hermana porque no me quiso”, o la típica “la izquierda te voy a dar”, entre otros.

Así mismo, en medio de la emoción, se escuchan más que nombres, apodos, pues nadie escapa al ingenio de que la gente les bautice con un nuevo apelativo. Al “Negro” lo llaman así porque es de piel morena; al “Calacalí”, porque es oriundo de dicha población; al “Caballo”, porque es de Loja; al “Licenciado”, porque vende los helados de forma muy elegante; al “Tripero”, por vender tripas; y al “Quintal de sal”, porque nunca gana, etc.

Donde hay ecuatorianos, hay ecuavóley

Un deporte único que se ha convertido en tradición en todos los rincones de Ecuador. Un referente de los ecuatorianos en el deporte extranjero, siendo así que los ecuatorianos son los únicos que juegan al ecuavóley. Si se lo práctica en el extranjero, los únicos que lo hacen son los ecuatorianos, ya sea en España, Estados Unidos, Italia, entre otros países, donde comúnmente nuestros compatriotas han migrado.

El ecuavóley desarrolló un efecto de migración con aquellos que viajaron rumbo al exterior, es entonces cuando sucedió una explosión y un conocimiento de nuestro deporte en otras geografías. Así se evidenció una transculturación de este deporte y por tanto de la cultura del Ecuador expuesta a países del primer mundo y receptores de migrantes.

Como si de ir a la misa se tratara, esta práctica ya se ha convertido en algo casi religioso para muchos de los ecuatorianos en su cotidianidad. Y, es que, puede jugarse en cualquier sitio, pues basta coger una pelota y tender la red.

Reportaje por: Michelle Báez – Estudiante del Diplomado de Periodismo Deportivo y Jefes de Prensa

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